dissabte, 23 d’octubre de 2010

Alexandra






En otoño, las musas desayunan con diamantes y adoptan tonos marrón. Parecen inexpresivas porqué solo sonríen hacia adentro. Funden el horizonte con miradas perdidas a un punto inalcanzable para los pobres mortales. Y te derriten como un flan con susurros que convierten tus oídos en el punto más erógeno de esta ciudad sodomita...